Las elecciones intermedias del próximo 3 de noviembre en Estados Unidos pondrán a prueba el respaldo ciudadano al presidente Donald Trump, a dos años de su regreso a la Casa Blanca. Durante la jornada se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 posiciones del Senado, además de diversos cargos estatales y locales. Los resultados permitirán evaluar el desempeño de la actual administración, medir el apoyo a sus principales políticas y anticipar el escenario político rumbo a la próxima elección presidencial.
Dentro de esta contienda, el voto de origen mexicano adquiere especial relevancia, debido a que representa cerca de dos terceras partes del electorado latino. De acuerdo con una encuesta de UnidosUS de 2026, el 58 por ciento de los votantes de origen mexicano manifiesta preferencia por los demócratas para el Congreso, mientras que el 23 por ciento se inclina por los republicanos y el 19 por ciento permanece indeciso.
Entre la población latina en general, el Pew Research Center registra una preferencia de 51 por ciento por los demócratas y 24 por ciento por los republicanos. Estas cifras contrastan con los resultados de 2024, cuando Donald Trump obtuvo aproximadamente el 48 por ciento del voto latino, frente al 51 por ciento conseguido por Kamala Harris.
Aunque los datos apuntan a un desplazamiento del electorado latino hacia los demócratas, el Partido Republicano conserva una base importante de apoyo. Entre quienes respaldaron a Trump en 2024, el 65 por ciento mantiene su intención de votar por candidatos republicanos al Congreso.
En Florida, estado donde la población hispana representa un sector importante del electorado, la competencia también se mantiene cerrada. Una encuesta de N+ Univision y YouGov identificó una ventaja demócrata entre los votantes hispanos en la contienda por la Cámara de Representantes, aunque los republicanos conservan un respaldo considerable.
Más allá de las estadísticas, las diferencias políticas también se reflejan en las experiencias y opiniones de los ciudadanos. Ricardo y Jaime, dos mexicanos que radican en Florida, comparten condiciones de vida similares: viven en una comunidad de clase media, han formado una familia, pagan una hipoteca a 30 años y renuevan sus automóviles cada cinco años. Sin embargo, sus preferencias partidistas y su evaluación del gobierno estadounidense son distintas.
Ricardo llegó a Estados Unidos hace 15 años para cursar una maestría. Durante su estancia universitaria conoció a una ciudadana estadounidense que posteriormente se convirtió en su esposa y lo acompañó durante el proceso para obtener la ciudadanía. Desde que adquirió el derecho a votar, se ha identificado con el Partido Republicano y asegura que en noviembre volverá a respaldar a sus candidatos.
Aunque reconoce que no está completamente satisfecho con los resultados de la administración de Donald Trump, considera que la situación del país sería mucho peor si los demócratas continuaran en el poder.
Respecto a los discursos que han generado señalamientos hacia la población mexicana, Ricardo manifiesta su desacuerdo con la estigmatización, aunque también atribuye parte de la responsabilidad al gobierno y a la sociedad de México. Asimismo, respalda la presión ejercida por Trump para combatir a los cárteles de la droga y llevar ante la justicia a políticos presuntamente vinculados con organizaciones criminales.
Su decisión de emigrar estuvo relacionada con la inseguridad que experimentaba en México y la falta de oportunidades que, desde su perspectiva, encontró en su país de origen. Al explicar su valoración del actual mandatario estadounidense, resume su postura con la siguiente expresión: “Al final el presidente Trump vino a poner orden”.
Por su parte, Jaime nació en Michoacán y obtuvo la ciudadanía estadounidense a través de su padre, quien emigró hace más de cuatro décadas para trabajar en el campo y consiguió beneficios mediante un programa federal.
Desde que pudo participar en los procesos electorales, Jaime ha votado por los demócratas y se identifica como un simpatizante firme de ese partido. Junto a su esposa, de origen venezolano, también ha construido una familia dentro del sector de clase media estadounidense. No obstante, su percepción sobre la administración de Trump es completamente distinta a la de Ricardo, pues considera que su gestión ha sido desastrosa.
Entre sus principales preocupaciones se encuentra el incremento del costo de vida, situación que, asegura, ha afectado la economía familiar. “las cosas cada vez están más caras, ya no alcanza para nada, la gasolina está carísima”, comenta.
Jaime anticipa que en las próximas elecciones volverá a votar por los demócratas. Aunque rechaza las políticas migratorias del presidente estadounidense, reconoce que antes de su llegada al poder también existía preocupación por el ingreso de personas que considera indeseables. En materia de seguridad, coincide parcialmente con los planteamientos republicanos y respalda que se ejerza presión sobre México para combatir a los grupos criminales y a los políticos corruptos. “En eso estoy de acuerdo con los republicanos”, afirma.
Las experiencias de ambos ciudadanos muestran que el origen mexicano no determina una preferencia electoral ni implica compartir una misma interpretación de la realidad política estadounidense. Pese a tener condiciones familiares y económicas similares, Ricardo y Jaime identifican problemas distintos como prioritarios y encuentran respuestas en proyectos partidistas opuestos.
Mientras Ricardo considera que los republicanos representan una alternativa para recuperar el orden y fortalecer la seguridad, Jaime ve en los demócratas una opción frente a lo que considera un deterioro de las condiciones económicas bajo el gobierno de Trump.
El resultado de las elecciones del 3 de noviembre permitirá conocer si la preferencia demócrata entre los votantes latinos se consolida o si los republicanos logran mantener el respaldo que consiguieron en 2024. Para este sector del electorado, la decisión estará relacionada no sólo con su identidad o afinidad política, sino también con asuntos cotidianos como el costo de vida, la seguridad y las oportunidades.
Ricardo y Jaime acudirán a las urnas con la convicción de que el partido de su preferencia ofrece las mejores alternativas para el futuro de Estados Unidos. Sus posturas son diferentes, pero comparten una expectativa: que el resultado electoral contribuya a mejorar sus condiciones de vida.



