El acuerdo comercial provisional alcanzado entre Canadá y Estados Unidos sorprendió a funcionarios y líderes empresariales mexicanos, quienes ahora presionan por un pacto similar que reduzca los aranceles impuestos por la Administración Trump.
Ottawa logró que Washington recortara al 25 por ciento los aranceles sobre productos de acero y aluminio, además de reducir al 15 por ciento los gravámenes a los automóviles canadienses. Estas concesiones abarcan sectores clave que México también ha planteado en sus negociaciones bilaterales.
El avance canadiense intensificó el escrutinio sobre la estrategia mexicana, que tras meses de conversaciones aún no ha conseguido resultados equivalentes. Aunque el gobierno de Claudia Sheinbaum destaca que cerca del 85 por ciento de las exportaciones mexicanas ingresan libres de aranceles bajo el T-MEC, industrias como la automotriz y la siderúrgica siguen sujetas a gravámenes específicos.
Funcionarios mexicanos señalan que la cooperación en temas de seguridad con Estados Unidos refuerza su posición negociadora, pero líderes empresariales advierten que el acuerdo canadiense debilitó el argumento de que México gozaba de ventaja por su participación temprana en las conversaciones.
La Administración Trump ha solicitado a México aplicar medidas similares a la “Sección 232” contra importaciones de acero y aluminio provenientes de Asia, en línea con la política estadounidense hacia China. Autoridades mexicanas confirmaron que están dispuestas a discutir la propuesta y ya incrementaron aranceles al acero asiático.
El desenlace de estas negociaciones definirá si México logra un alivio comparable al de Canadá y si las industrias estratégicas del país obtienen un respiro frente a los elevados aranceles estadounidenses.



