El embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, volvió a emitir declaraciones consideradas “injerencistas”, que incomodaron al gobierno ultraderechista de José Antonio Kast –aliado de Washington y suscriptor del Escudo de las Américas– y provocó el repudio del Senado.
El miércoles, durante un foro empresarial, Judd condicionó la continuidad del vínculo bilateral al sometimiento de este país a los intereses de Washington.
“Si queremos que esa relación continúe, si desean los recursos que tenemos para atacar al crimen organizado, si buscan un país que ayude a proteger sus derechos sobre el Estrecho de Magallanes, si pretenden todas esas cosas, entonces van a tener que trabajar con nosotros en las cosas que son importantes para nosotros”, advirtió.
Continuó: “nuestra pregunta es ¿por qué alguien querría renunciar a su soberanía? No tiene sentido. Pero si quieren seguir teniendo esa cooperación, también van a tener que trabajar en lo que consideramos importante para nuestros intereses nacionales”.
Judd aludió, por enésima vez, a los vínculos políticos y comerciales entre Chile y China –principal socio comercial, con un intercambio global de 67 mil millones de dólares anuales–, que molestan a Washington y que intenta bloquear.
El antecedente más inmediato de ello, las gestiones que hizo Judd en enero y febrero de 2026 para impedir la instalación de un cable de fibra óptica oceánico entre China y Chile, con presiones y sanciones.
La prepotencia de Judd, un ex integrante de la patrulla fronteriza y quien de joven estuvo en Chile como misionero de una iglesia adventista, indignó al instante, porque abiertamente planteaba que la capacidad chilena de ejercer soberanía sobre ese paso entre Atlántico y Pacífico, pende de Washington.
El Senado reaccionó declarando que “respecto del Estrecho de Magallanes y de nuestros derechos soberanos sobre el territorio nacional, Chile no requiere condicionamientos ni autorizaciones externas para defender aquello que le pertenece y que está respaldado por nuestra historia, nuestro ordenamiento jurídico y el derecho internacional”.
La incomodidad del gobierno fue evidente, porque apenas semanas atrás, la cancillería citó a Judd a explicar afirmaciones previas. Y si bien el canciller Francisco Pérez Mackena decía que “no necesitamos el apoyo de nadie para defender nuestra soberanía”, declinó una protesta formal.
La falta de firmeza fue reprochada, por ejemplo, por el senador derechista Iván Moreira, hacía ver que “el embajador no va a respetar las notas de protesta porque parece que olvidó que Chile abolió la esclavitud antes que Estados Unidos y que no somos su colonia, sino una república soberana”.
Con Información de La Crónica



